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¿Estamos tomando la ruta de Grecia?

¿Estamos tomando la ruta de Grecia?

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“En el año 2013 el 20% del PIB griego estuvo relacionado al turismo. Varias organizaciones estimaban que esa cifra aumentaría pero ahora, en 2015, es difícil que eso ocurra, la situación tendría que mejorar, pero el turismo no repuntará a menos que los viajeros se sientan seguros al visitar el país. La precaria situación y el malestar de la población no les hace sentir seguros, después de todo” (Tourism Review).

El turismo es una de las actividades productivas más importante de nuestro país y su crecimiento depende, en parte, a la seguridad que proyecte Costa Rica, en distintas áreas, por lo que no podemos permitir que nuestra nación siga el ejemplo de Grecia.

La gran mayoría ciudadana tiene suficientes ocupaciones, preocupaciones y hasta desinterés en los temas relacionados con finanzas públicas. Como sociedad nos hemos acostumbrado a “dejarle eso a los políticos”, mientras se ha cerrado la puerta a la educación básica en estos relevantes temas económicos.

Basta escuchar algunas expresiones como que “el gobierno tiene mucha plata”, por lo que es común que veamos como normales los contratos con sobreprecio (y mal ejecutados), planillas excesivas y políticas salariales “generosas”, que permiten incluso que algunos empleados gocen de ingresos millonarios anuales por labores como la limpieza.

Costa Rica no tiene ninguna fuente de ingresos que  genere renta: no somos nación petrolera como para sentarnos a ver cómo del suelo emana el producto que otros países quieren y por el que están dispuestos a pagar bien.

Somos una economía principalmente de servicios y estamos siendo negligentes con la disciplina fiscal.

Entender las finanzas públicas no es un ejercicio de posgrado en economía, son similares al presupuesto familiar: hay equilibrio mientras se gaste un monto igual o inferior al del rubro de ingresos, hay déficit cuando el gasto supera el ingreso.

Cuando el gasto supera el ingreso debemos hacer recortes lo cual, en sana lógica, deben ir acompañados de la búsqueda de nuevas fuentes de recursos.

Lamentablemente los países siguen comportándose como familia negligente, engrosando privilegios, gastos no reembolsables y excediendo sus posibilidades mientras que el sector productivo -de dónde proviene el dinero- sufre cada vez de mayor regulación, es asfixiado por nuevos y engorrosos trámites, vive bajo asedio por el aumento de la carga tributaria y cada día debe pedir más permisos a aquellos que justamente no producen pero debe mantener, esto es el cocktail de la implosión económica (y la descomposición moral de la sociedad).

Santorini

Costa Rica no es Grecia pero está subida en el mismo tren y es cuestión de tiempo, ya se ven los síntomas.

Los grupos de presión se han organizado y toman espacios de poder para garantizar sus privilegios, el gobierno puede -al menos- promover un mensaje de amistad para el sector productivo, en especial para el pequeño y mediano emprendedor.

Si nuestro país elige la ruta del control de capitales, el gravamen indiscriminado a las actividades productivas y toma una postura ambigua con la inversión, los días están contados.

Por otro lado está la opción de brindar un clima de seguridad de negocios, evitar la expansión del derroche, apoyar actividades de alto valor agregado como nuevos mercados turísticos, economía de servicios internacional concatenada a la pequeña empresa local y facilidades para emprender, así enviamos el mensaje correcto y veremos resultados.

Las malas noticias, incertidumbre, señales de aislamiento, trabas al comercio y voracidad fiscal contraen el crecimiento empresarial, generan desempleo y aumentarán la delincuencia.

Es hora de armonizar el sector público y productivo, que comprendamos esa simbiosis entre la sana administración de los recursos y la necesidad de cuidar a quien los produce, de lo contrario podremos entrar en el “club de los países quebrados”, dinamitando todo lo que hemos construido.

Si no aprendemos de los errores de otras naciones estamos condenados a seguir el mismo camino, es responsabilidad de todos que no se repita la historia y que juntos ¡Reinventemos el futuro!

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