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Un minuto de guerra puede destruir décadas de paz

Un minuto de guerra puede destruir décadas de paz

Costa Rica y Nicaragua somos pueblos hermanos

Costa Rica y Nicaragua somos pueblos hermanos

Desde siempre las relaciones entre los pueblos de Costa Rica y Nicaragua han sido profundamente afectuosas, no así las relaciones entre los gobiernos, afectadas recientemente por la ocupación de isla Calero a contrapelo del Tratado Cañas-Jerez, laudo Cleveland, Actas Alexander y las instituciones geográficas de ambos países.

Los costarricenses somos un pueblo educado y amistoso, por eso nuestro primer paso fue el estudio riguroso de la frontera que determinó que el terreno dragado es costarricense. De inmediato se envió la protesta al gobierno vecino, se hizo de conocimiento internacional la situación y se presentó la demanda en la Corte Internacional de Justicia en La Haya.

Mientras tanto corresponde a los dos países vigilar pacíficamente el territorio en controversia, alertando de cualquier anomalía en el momento que se presente y no cuando se consumen los daños. Enterarse al final demuestra desorganización, negligencia y desinterés de un asunto tan importante para la vida nacional.

Si bien el presidente de la hermana república de Nicaragua goza de una innegable popularidad entre los nicaragüenses que aún no han migrado (respaldo del que no goza nuestro gobierno), debemos ser prudentes y no permitir que el repudio que sentimos por sus palabras y acciones se materialicen en injustas represalias contra los propios de aquella tierra que buscan sustento honrado en la nuestra.

Tampoco podemos permitir que la crisis signifique arca abierta para militarizar nuestra policía civilista e instigar acciones bélicas. Aunque Costa Rica tiene un gran corazón, su pequeño territorio se vería profundamente afectado si entramos en el desprestigio internacional como nación en conflicto armado, haciendo que turistas e inversionistas se alejen al considerar el riesgo de una guerra.

Es inocente pensar que un encontronazo de fuerzas se limitaría a los pantanos de la zona. El daño de infraestructura y baño de sangre se podría extender a lo interno de nuestro territorio.

Nuestra organización apoya las buenas gestiones de inspección y de relaciones diplomáticas que el país realice, no así las miopes insinuaciones bélicas o anuncios irresponsables acerca del uso de la fuerza.

Solicitamos respetuosamente a nuestros gobernantes una continua y serena vigilancia de la zona, que en vez de armas requiere cámaras, binoculares y conservacionistas apasionados del medio ambiente; así como la inmediata alerta pública ante cualquier irregularidad y su respectiva comunicación a La Haya. Más que eso sería comprometer irreparablemente nuestra imagen internacional.

Para esto no son necesarias menciones de violencia ni la degradación del lenguaje de nuestras autoridades al nivel de provocadores de tercer nivel en el país vecino, ya que eso no está acorde a la idiosincrasia tica.

La cultura de paz costarricense es algo que debemos preservar como nuestro mayor activo y legado para nuestros hijos y nietos; y no hacerla a un lado ante la provocación.

A nuestros pueblos son más los lazos que nos unen que las diferencias que nos separan.

El futuro de ambas naciones está en nuestras manos.

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