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Las consecuencias del aumento de precio de la comida sana

Las consecuencias del aumento de precio de la comida sana

Imagen por Joanna Poe

Imagen por Joanna Poe

El titular de La Nación dice  “Alza en productos agrícolas empuja inflación hacia arriba”, y agrega “frutas, hortalizas y tubérculos aumentaron 22% en el último año”, junto a otra serie de datos con respecto a otros productos y servicios, incluida una hipótesis que atribuye a la sequía guanacasteca el problema.

La otra cara de la moneda

El pesimismo económico y el poco poder adquisitivo de los salarios se refleja en la alimentación.

Las frutas, hortalizas y tubérculos nos ayudan a manejar el peso corporal, elevan las defensas del organismo ante enfermedades o favorecen la recuperación después de padecerla, son parte del tratamiento de un sinfín de padecimientos frecuentes como la diabetes, el colesterol, hipertensión y cáncer.

Además están relacionadas con la salud mental, como el correcto e integral abordaje de problemas como el estrés, ansiedad y depresión.

Su elevado costo lleva a las personas a consumir alimentos cargados de grasa y carbohidratos, cuyos efectos en la salud están correlacionados con las enfermedades mencionadas y que crecen de gran manera en las estadísticas de salud consumiendo el presupuesto de la Seguridad Social.

Prevención

En los constantes debates sobre los problemas financieros de la Caja rara vez escuchamos estrategias de prevención, como si el fin institucional fuera la mera atención de las enfermedades.

El mejor tratamiento es la prevención, no enfermar, o en su defecto disminuir la probabilidad de llegar a estarlo postergando aquellas afecciones a las que tenemos predisposición hereditaria.

La otra oferta

Mientras se cuente con los recursos las personas seguiremos adquiriendo los alimentos que podamos pagar. En medio de la crisis de los alimentos saludables surgen ofertas de comida rápida que se vuelven oportunidad para satisfacer las necesidades alimenticias y también como placebo para los problemas emocionales.

Desde el simplismo metodológico la solución es “ponerle impuestos”, “regularlas” y finalmente “prohibirlas”.

Soluciones

Sin embargo en vez de proponer un sistema de castigos sobre estos alimentos debemos generar recompensas por alimentarse bien.

La oferta de comidas saludables es pequeña. Debemos incentivar los emprendimientos de alimentos saludables, estímulos fiscales y de crédito, que les permitan volverse parte del paisaje comercial como ha ocurrido en los últimos años con los batidos de frutas, disponibles en todo el país. Lo anterior con un fuerte componente educativo.

Salud es prevención y tenemos mucho por hacer.

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