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“Saqué la carrera pero nunca pude trabajar en mi campo”

“Saqué la carrera pero nunca pude trabajar en mi campo”

Sin duda, una de las experiencias que más definen a una persona es la actividad a la que se dedica, al punto que en cierta medida inunda la propia personalidad, basta escuchar cómo la pregunta “¿A qué se dedica?” en la práctica se usa indistintamente con “¿Usted qué es?”.

Naturalmente nuestra organización, impulsora del humanismo, considera que una persona jamás es más o menos por su profesión, reconociendo que cada una de las opciones del abanico de oportunidades tiene en sí diferentes escenarios para quien elige una formación u otra.

La humanidad avanza gracias al trabajo que permite ganar honradamente el sustento sirviendo a los demás, en una cadena transaccional donde todos ayudamos a otro y otro nos ayuda a nosotros. De ahí que, naturalmente, ese intercambio remunerado tiene diferentes valoraciones dependiendo de coyunturas como la demanda profesional, la habilidad del graduado y la oferta de los mismos.

Es ahí donde encontramos en las ferias de empleo abundancia de hojas de vida en ciertas áreas del saber vinculadas a las letras y una menor oferta de personas tituladas en ingenierías y matemáticas, lo cual deriva en un costo de crecimiento personal cuando la persona que tiene una licenciatura ocupa una posición de oficinista cuyo requisito era la secundaria puesto que no obtendrá su expectativa de ingreso, mientras que los bachilleres son desplazados, hablándose incluso que el nuevo mínimo es un bachillerato universitario.

La integración de la economía ha dado salidas alternativas a muchos profesionales gracias al dominio de otra lengua, entonces en los call center encontramos gran cantidad de personal con grados académicos que simplemente no ejercen ni ejercieron, sino que obtienen ingresos dignos mientras sus diplomas están guardados.

¿Qué hacer? En primer lugar el sistema educativo tiene que renovarse hacia un enfoque para la formación integral de emprendedores y graduados universitarios  en el campo de las ciencias duras, ahí yace la mayor oportunidad de crecimiento profesional tanto a nivel local como internacional. Es hora de renunciar al miedo a las matemáticas y conquistar carreras como la estadística, ciencias actuariales e ingenierías como la mecatrónica y biotecnológica.

En el segundo plano ingresamos en la toma de decisión: a la hora de elegir la carrera los jóvenes y padres de familia deben ser sinceros con ellos mismos e informarse sobre las posibilidades reales de alcanzar los sueños basados en fantasías o publicidad inflada de algunas casas de enseñanza.

La educación es una inversión, por lo que se debe elegir con base a criterios racionales de lo que  se obtendrá en la vida con su elección vocacional. Hay que investigar y  aprovechar la gran oportunidad de construir nuestro destino.

¡Reinventemos el futuro!

 

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