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Un piano para destruir tímpanos

Un piano para destruir tímpanos

Imagen por Carlos Affonso

Si hay algo odioso e impresentable es la crítica destructiva surgida desde la cúspide del privilegio, esa cuya pluma ha estado “de pellizco de nalga” con el poder y reparte iras emanadas del inexplicable odio de quien quiere desbaratar a quienes le han dado todo.

Cuando, en 2011, un grupo de costarricenses tomamos la decisión de unir esfuerzos con una bandera no partidaria, buscando el desarrollo nacional así como la construcción e impulso de oportunidades en una sociedad de mérito, lo hicimos con la plena convicción que los políticos se renuevan cada cuatro años pero nosotros, el pueblo, siempre somos el elemento esencial, crucial y permanente de la patria, por lo que tenemos que empoderarnos y participar en el desarrollo comunal.

Es por eso que siempre hemos apoyado lo que consideramos de beneficio, hemos destacado a los costarricenses que nos llenan de orgullo con sus triunfos, a las comunidades que lo hacen bien, a la gente que se esfuerza y también hemos señalado, sin miedo, cuando el rumbo es tan confuso que parece perdido.

Sí es cierto; no somos un país bilingüe, pero ocupamos la cuarta posición del dominio del inglés en latinoamérica y la primera posición en centroamérica y queremos que más inversión generadora de empleo se instale para abrir oportunidades.

Sí es cierto; el alto nivel de contaminación de algunos ríos –grave problema extendido por todo latinoamérica-, afecta algunas playas, pero aún así 110 playas cuentan con bandera azul ecológica por su limpieza, seguridad y calidad de servicios que disfrutan  nacionales y extranjeros.

Sí es cierto, como la mayoría de países del mundo contamos con barrios donde existe concentración de la pobreza y esto es algo que tenemos que combatir de forma incansable, cosa que no han hecho bien los últimos gobiernos porque nos hemos estancado en este apartado, pero tampoco se puede ignorar que somos el país centroamericano con menores índices de pobreza y el cuarto a nivel latinoamericano.  

Imagen por Chris Goldberg

Sí es cierto; la infraestructura vial colapsó por una concentración de inversión en el Valle Central, la falta de cultura para el teletrabajo y la falta de inversión desde décadas atrás, pero aún así nos levantamos más temprano para ir a trabajar, nos esforzamos por realizar nuestros deberes y continuar con la vida en sociedad.  ¡Somos un pueblo esforzado y feliz!

Es por eso que ante un esfuerzo de promoción nacional diferente y creativo, sea del político que sea, simplemente es deber apoyarlo, por lo que simplemente es inadmisible que quienes han gozado de tiquetes aéreos, posiciones de privilegio, buen roce gracias a la investidura estatal, ensanchen su pecho para  vomitar odio magnificando nuestros retos, omitiendo cualquier leve esfuerzo por aportar una solución, destruyendo lo que no han ayudado a construir y escupiendo cualquier leve luz de oportunidad.

A esa espontánea clase alta que le repugna San José puede mudarse a París, a quien le irrite los ojos ver el amanecer en Puerto Viejo de Limón, que se vaya para Ibiza… pero con su plata, con su esfuerzo y no con el dinero que los costarricenses aportamos con mucho esfuerzo mediante nuestros impuestos.

Tiene más mérito un lagarto que estimula la economía alrededor del río Tárcoles, que un corazón desafinado cuyos dedos son incapaces de hacer que sus teclas toquen melodía calibrada con el esfuerzo del pueblo trabajador.

Achará partitura, achará estudios y achará tantas letras, porque donde no hay humanismo, empatía ni humildad, lo que se encuentra es apenas el cascarón de la supuesta cultura.

La crítica destructiva y burla hacia nuestra nación solo aportan odio.

Nuestro lindo país debe reinventarse desde la crítica constructiva y el esfuerzo de cada uno de sus habitantes.

¡Reinventemos el futuro!

Imagen por Henry Zbyszynski

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