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Crédito ¿Desgracia u oportunidad?

Crédito ¿Desgracia u oportunidad?

Imagen por www.publicdomainpictures.net

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Toda sociedad necesita de las oportunidades de crédito para crecer. Inversiones tan importantes como la vivienda, el vehículo, la educación o una emergencia, se pueden enfrentar con el dinero disponible mediante los préstamos.

Los créditos tienen tres principales fuentes: instituciones del sistema financiero que realizan créditos con garantías hipotecarias, prendarias o de fianza, créditos obtenidos en préstamos entre particulares y las tarjetas de crédito -pertenecientes también a entidades bancarias-.

Lamentablemente el crédito formal bancario tiene tantos requisitos que terminan desmotivando a quien lo necesita, en una maraña de trámites interminables y de lenta respuesta, obligando a la persona a postergar su meta o recurrir a un préstamo de alta tasa de interés -entre particulares o entidades no bancarias- si está con una urgencia.

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Este tipo de crédito, al que prácticamente se ve al ciudadano “arrinconado”, está corroyendo la economía nacional y limitando las opciones de prosperidad.  En 2014 las deudas con tarjetas de crédito ascendían a ¢784 mil millones y  para 2015 alcanzaron los ¢857 mil millones, con la particularidad que su tasa de interés –hasta del 50%– es tal que nos son pocas las personas que terminan diciendo que “por más que pago la tarjeta no salgo de ella, no hay forma de cómo salir”.

Si bien hace falta educación financiera para la administración de la economía personal, es indispensable que el sector bancario flexibilice las opciones para créditos formales y así nuestra sociedad pueda prosperar; es imposible seguir centrados únicamente en el negocio bancario.

También se hace necesario que nuevas formas de economía social impulsen la innovación emprendimiento y crecimiento de los diferentes proyectos ciudadanos gracias a la tecnología.

Nuestra generación ha sido testigo del cambio en los patrones de la comunicación, información, entretenimiento e interacción con el conocimiento; es hora de refundar el tradicional enfoque bancarizado para que sea verdaderamente democrático.

Internet ha acercado la sociedad, ha potenciado los lazos de amistad y promovido los Derechos Humanos; necesitamos formas creativas de reinvención crediticia que pongan límite a las garroteras formales e informales que están acaparando la prosperidad nacional, de esta forma recuperamos el crédito para que deje de ser desgracia y se convierta en verdadera oportunidad.

costa-rica

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