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El costo del pesimismo

El costo del pesimismo

 

Imagen por Kevin McShane

Nuestra iniciativa nace en el año 2011, coordinados por el doctor Christian Rivera, para promover un nuevo modelo de desarrollo inclusivo, basado en el mérito, integrado con la economía global y potenciando nuestra capacidad de emprendimiento buscando un cambio de enfoque en el sistema educativo.

Las propuestas planteadas nos han llevado a recorrer el territorio nacional, invitados por asociaciones, colegios y universidades, realizando conferencias para el desarrollo de nuevos negocios, prevención de la deserción escolar, impulso de una economía comunal y empoderamiento social.

También hemos participado en foros con operadores políticos y empresarios, así como el impulso de las ideas planteadas ante tomadores de decisión, ya que los rostros de las papeletas cambian cada cuatro años -en el mejor de los casos-, pero como pueblo somos permanentes.

Este ejercicio que realizamos por compromiso social, inspirados en los grandes cambios de una sociedad futurista que nos heredaron nuestros abuelos, quienes crearon la educación gratuita y obligatoria, brindaron protección al trabajador, fundaron un sistema de salud universal y solidario, abolieron el ejército e hicieron que este pequeño gran país sea reconocido como potencia mundial de la paz, así como un gran destino turístico y un referente en inversión de alta tecnología.

Sin embargo, basta que se acerquen los tiempos electorales para que los malestares y enojos contra el gobierno actual y pasados empiecen a dominar la agenda, abandonando la racionalidad y dejándose arrastrar por la emotividad negativa.

Ese pesimismo socioantropológico afecta la psicología social, nos disminuye, polariza entre los que creen que en cuatro años el próximo gobernante solucionará todos los problemas y los que están tan enardecidos que hasta, disculpen la expresión, se toman el atrevimiento de tratar de manchar la democracia más sólida del continente.

El mensaje que impulsamos no tiene bandera partidaria, el político que tenga a bien tomar estas ideas puede hacerlo, si resulta electo y honra la promesa, obviamente apoyaremos la implementación desde la política pública y legislación, si no lo hace, seguiremos esperando a quien sí mantenga los compromisos como gobernante de lo que ofreció en campaña.

Así es nuestra determinación ciudadana, queremos que quienes se sienten disconformes se involucren constructivamente en el proceso electoral, abandonen el pesimismo, asuman un rol creativo, sean protagónicos y -sin importar el partido-, impulsen de buena fe el desarrollo.

El costo de renunciar a la democracia es muy alto y muchas naciones han caído en la más absoluta ruina económica y moral por eso, una destructividad que no podemos permitirnos porque hipotecamos el mañana destruyendo el legado de nuestros antepasados.

¡Reinventemos el futuro!

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