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Empleados públicos ¿Y ustedes qué van a hacer?

Empleados públicos ¿Y ustedes qué van a hacer?

MANO DEDO

El acceso a la educación formal y a fuentes autodidactas mediante internet, nos tienen en el momento de mayor interacción, crítica, expresión y acumulación de conocimiento personal y social.

La agenda de discusión pasó de las tradicionales manos de los operadores políticos, mediáticos y sociales/sindicales, a las de ciudadanos que se expresan libremente por medio de la red.

Como nunca antes la necesidad del empleado público ha sido cuestionada. Desde los horarios de trabajo, salarios, vacaciones, beneficios, sobresueldos y reconocimientos, hasta los métodos de selección, donde un graduado de una universidad rigurosa tiene menos posibilidades de colocación respecto a quien presentó un concierto de diplomas obtenidos en casas de enseñanza de dudoso prestigio o llena de cuestionamientos.

Esto ha generado también la polarización del debate en los extremos ideológicos, cunden oportunismos de personas cuestionadas por la forma en que han administrado fondos públicos, que solicitan a diestra y siniestra recortes presupuestarios y cierres de instituciones, también están los de aquellos que quieren desaparecer de forma tácita o expresa la empresa privada exigiendo al sector productivo más tributos para sostener y aumentar el tamaño del Estado.

Pero ¿Y los empleados públicos?

PATRIA

Por ahora se limitan a ser movilizados a las tradicionales protestas cuyos voceros son personas que tienen décadas sin contacto real con el ciudadano, ya que se han dedicado a la lucha sindical alcanzando una realidad personal que dista mucho de la que corresponde al asalariado que representan.

Los niveles bajos y medios -los que están en contacto directo con el ciudadano-, tienen mucho qué decir y mucho más qué aportar.

¿Qué proponen para beneficio de lo usuarios de los servicios? ¿Cómo simplificar trámites? ¿Cómo mejorar el tiempo de respuesta ante las solicitudes de los ciudadanos?

Si no plantean alternativas, luchan por la implementación y logran buenos resultados, la justificada masa crítica de ciudadanos preocupados, sin interés partidario, crecerá, exigiendo a los operadores políticos que lo que no beneficia sea extirpado, algo a lo que accederán si el pueblo los beneficia con el voto.

Los empleados públicos deben proponer ahora, sino asumirán más cuestionamiento, descontento y crítica mañana.

La mejora del índice de competitividad, no está sólo en las manos del presidente, ministros, diputados o los 1000 empleados que cambiamos cada 4 años (que llamamos gobierno), sino también en las manos de los 300.000 costarricenses del sector público, quienes pueden lograr mejores condiciones para que los otros 4.700.000 compatriotas que compartimos esta hermosa Costa Rica podamos trabajar en mejores condiciones sociales, políticas y económicas para alcanzar la prosperidad que merecemos.
Dejemos atrás el status quo, zona de confort, el “no se puede”, toda pasividad y ¡Reinventemos el futuro!

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